
Rápidamente, un adolescente finlandés le dio una cierta perspectiva. Al quedarse mirando a la oleada asesina preguntó: «¿Dónde los vamos a enterrar a todos?»
Puede que la historia esté adornada, pero tengo la tendencia a creer en ella. Después de todo, fue un muchacho quien siglos antes había mirado a la horda filistea, y había decidido poner fin a las estupideces que hablaba Goliat. David sabía que tenía a Dios de su lado.
Más de cuatro siglos antes de la derrota de los filisteos por parte de David, un grupo de espías echó un vistazo a un imponente enemigo y decidió que Dios no había estado hablando en serio realmente. Moisés había enviado a doce hombres para que examinaran Canaán para sus compatriotas. Regresaron con un informe optimista en cuanto al país . . . y una visión pesimista de sus habitantes.
«No podemos subir contra ese pueblo» —exclamaron— «porque es más fuerte que nosotros» (Números 13:31). Por supuesto, Caleb y Josué no lo veían de ese modo. «Debemos ciertamente subir y tomar posesión de [esta tierra]» —dijo Caleb— porque sin duda la conquistaremos» (v.30). ¿Acaso no les había prometido Dios esta tierra? Bueno . . . sí. Es por eso que se la llamaba . . . ¡la Tierra Prometida!
Esa noche, Josué le rogó con vehemencia al pueblo que confiara en Dios para una victoria segura (14:6-9). El pueblo respondió amenazando con matar a Caleb y a Josué. ¿El resultado? Cuarenta años más en el mismo lugar arenoso de vacaciones conocido como el desierto
¿Hay gigantes en tu vida hoy? Por supuesto que sí. Pero tienes que ganar bendiciones y aprender acerca de la bondad y la providencia de Dios. ¿Verás el tamaño y la fuerza del enemigo? ¿O recordarás la bondad y la grandeza de tu Dios? —TG
Fuente http://rbclatino.org
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